12 propósitos sostenibles para 2020
- 5 ene 2020
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 15 oct 2020
Comienza un nuevo año y, como cada enero, mucha gente ya ha hecho la lista de propósitos para ellos próximos meses. Nos decidimos a cambiar cosas que no nos gustan o que queremos mejorar, como apuntarse al gimnasio (o ir más, si ya es que ya estabas apuntado/a), ahorrar más, leer más, ir más al cine o pasar más tiempo con los nuestros.
Pero, para este 2020, ¿por qué no nos ponemos algunas metas más originales? El medioambiente, la naturaleza, en definitiva, el Planeta espera más de nosotros, por lo que deberíamos empezar a reflexionar sobre los pequeños gestos que tenemos a nuestro alcance y apuntarlos como propósitos para este nuevo año.
El libro 52 gestos por la biodiversidad, publicado por la Sociedad de Gestión Ambiental del Gobierno Vasco Ihobe y basado en una publicación del Real Instituto de Ciencias Naturales de Bélgica, recoge 52 sugerencias que ayudan a marcar la diferencia: una por cada semana del año. En Pensamiento ECO, hemos seleccionado 12 de estas sugerencias, para que este 2020 tengamos (al menos) un nuevo reto cada mes.
1. Reducir el consumo de agua potable:

Puede sonar a tópico pero cada vez se parece más a una emergencia. El agua potable es un bien escaso, por lo que debemos valorarla e intentar consumirla de manera responsable. Un ejemplo es regar las plantas con el agua de lluvia que recojamos, preferentemente en horas en las que se evite la evaporación. Las aguas grises (del lavaplatos, del baño, de la ducha…) se pueden reutilizar para la cisterna o para fregar los suelos. Incluso, ya hay mecanismos que permiten lavarse las manos y destinar ese mismo agua a la cisterna. Cada gota cuenta.
2. Consumir productos ecológicos y de proximidad:
La agricultura ecológica, que utiliza fertilizantes y pesticidas no químicos, evita el agotamiento de los suelos, reduce la contaminación de las capas freáticas y respeta los ecosistemas que los rodean. Además, los alimentos de proximidad y de temporada contribuyen a reducir la huella ambiental, dado que los procesos de envasado, transporte y conservación se reducen al máximo. Así, consumir este tipo de productos beneficia en gran medida al medioambiente y a los pequeños productores.




3. Pasear respetando la naturaleza:
Huelga decirlo pero si nos adentramos en un entorno que no es el nuestro, lo lógico es que lo respetemos. Durante los paseos por el campo, se debe ser discreto. El libro de los 52 gestos apunta directamente: “Haga el menor ruido posible y, si quiere observar animales silvestres, no lleve prendas de colores vivos ni utilice perfume”. También advierte a los amantes de los perros que no procuren evitar que sus mascotas se salgan de los senderos, además de recordar que no se deben tirar residuos (especialmente, colillas).
4. Desconfiar del greenwashing:
El término greenwashing designa aquellos actos en los que las empresas presentan un producto o una iniciativa como respetuosa con el medioambiente o cuando, en realidad, no lo es. Es frecuente encontrar compañías cuyas actividades son altamente contaminantes o perjudiciales para la biovidersidad y necesitan “lavar” su imagen de marca.
Por eso, desconfía de las campañas ecológicas que procedan de ciertas empresas y, en cualquier caso, infórmate y consulta los valores de dichas compañías. Es un buen propósito para no dejarse manipular en 2020.


5. Elegir cosméticos ecológicos:
Si tenemos la oportunidad de elegir, es preferible optar por los cosméticos ecológicos. Al igual que los detergentes o productos de higiene personal, la mayoría de cosméticos actuales contienen sustancias como conservantes, colorantes, perfumes sintéticos, tensioactivos… Estos químicos resultan nocivos para el medioambiente, sobre todo para el medio acuático, donde llegan transportados por las aguas residuales.
6. Descubrir la naturaleza en el medio urbano:

A pesar de lo que se suele creer, las ciudades albergan diversos tipos de fauna y flora. Mientras caminamos, podemos fijarnos en los diferentes jardines, parques, avenidas arboladas… Y en las afueras, podremos encontrar zonas boscosas, pinares, encinares, estanques o incluso orillas de ríos o arroyos.
Conocer y cuidar la naturaleza del entorno más cercano es un buen propósito para este nuevo año. Además, en el medio urbano es cada vez es más frecuente encontrar huertos urbanos (en numerosas ocasiones, de comunidades vecinales) o terrazas verdes.

7. Optar por el ecoturismo:
Hoy en día existen múltiples establecimientos turísticos con etiquetas ecológicas. Estos albergues, hostales, hoteles y campings se caracterizan por ser edificios realizados con materiales sostenibles, ser respetuosos con el entorno, hacer un gasto responsable de agua y energía y gestionar los residuos de manera eficiente.
Además, el alojamiento en este tipo de lugares suele ofrecer actividades relacionadas con la naturaleza y el medioambiente como excursiones, trabajos en la recuperación del entorno o participación en la promoción de la zona.
8. Probar especialidades locales:
De la misma forma que visitamos los monumentos históricos o hacemos turismo cuando viajamos a un país o ciudad extranjera, también podemos probar la gastronomía del lugar. Consumir productos o especialidades locales, además de ser una rica experiencia cultural, ayuda a los productores de la zona y favorece la economía de cercanía.
Sin embargo, es necesario informarse bien antes de pedir en el restaurante el plato estrella. Si las especialidades del lugar resultan ser especies animales amenazadas (carne de tortuga, sushi de atún rojo, etc) o cultivos que requieren la deforestación masiva, no se deben consumir.

9. Controlar el consumo de carne y pescado:

La sobrepesca es un problema mundial que está mermando poblaciones de numerosas especies de animales acuáticos. Esto, sumado a ciertas técnicas de pesca que destruyen fondos marinos o no respetan las épocas de reproducción, está poniendo en peligro algunos ecosistemas marinos.
Por otro lado, para criar ganado es necesario disponer de pastos o producir alimento para los animales (forraje). Estos terrenos requieren además grandes cantidades de agua y, en muchas ocasiones, la destrucción de superficies boscosas.
Por ello, es importante consumir estos productos con moderación y sin abusar, evitando comprar las especies de pescado más perjudicadas (atún rojo, salmón o lenguado) y reducir el consumo de carne roja.
10. No contribuir a las islas de residuos en alta mar:

Es de sobra conocido que la mayoría de los plásticos que usamos acaban amontonados en enormes islas que flotan en mitad de los océanos. La mayor de ellas, la gran isla de basura del Pacífico, ocupa unos 3,5 millones de km2. Es de sobra conocido también que deberíamos dejar de consumirlo, en la medida de lo posible, dado que los productos fabricados con plástico tardan entre 500 y 1000 en degradarse.
Por ello, es inminente que desterremos definitivamente las botellas y bolsas de plástico (tan comunes en nuestras vidas pero tan contaminantes) y que vayamos un paso más allá, intentando no utilizar envases, envoltorios u otros utensilios hechos de este material.

11. Respaldar un proyecto de reforestación:
La deforestación es un grave problema hoy en día. Los bosques se talan masivamente para ampliar las zonas cultivables y habitables, o se sobreexplotan para el suministro de madera. Afortunadamente, cada vez existen más proyectos de reforestación o lucha contra la desertificación con los que podemos colaborar. Propóntelo, es una buena causa.
12. Conocer los puntos calientes de la biodiversidad en la Tierra:
Los puntos calientes son regiones extremadamente ricas en biodiversidad: aglutinan el 60% de las especies de plantas, aves, mamíferos, reptiles y anfibios del Planeta. Actualmente hay 34 puntos calientes terrestres (los marinos aún no han sido identificados).
Sin embargo, estas áreas se encuentran amenazadas, ya que acogen el 75% de especies animales con mayor peligro de extinción, además de haber perdido en los últimos año hasta el 70% de su vegetación primaria. La información es muy poderosa y conocer este problema puede animar a mucha gente a sumarse a iniciativas o asociaciones para proteger estas áreas. De la misma manera, la transmisión de estas ideas, ya sea compartiendo artículos en redes sociales o comentando lo aprendido a personas cercanas, es extremadamente útil.









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