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Mascarillas, guantes y otros plásticos: la crisis ambiental detrás del coronavirus

  • 17 jun 2020
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 15 oct 2020

La pandemia provocada por la COVID19, que ha alcanzado recientemente los 8 millones de contagios en el mundo, está provocando alteraciones en el medioambiente. Durante el confinamiento más estricto, en algunos países vimos cómo los niveles de contaminación descendían y los animales salvajes se paseaban alegremente por las ciudades vacías.

Sin embargo, una de las grandes consecuencias ambientales negativas de esta crisis es la ingente cantidad de residuos plásticos que estamos generando en todo el mundo. La producción masiva de mascarillas, guantes y trajes de protección, hechos de materiales no degradables, sumada a la falta de reciclaje, está propiciando que miles de residuos acaben en los mares y océanos, afectando a los ecosistemas marinos y, en consecuencia, a toda la cadena alimenticia.

Fuente: Ambientum

Antes de la llegada del coronavirus, el ser humano estaba ingiriendo cinco gramos de plástico de media, según explica Julio Barea, responsable de campañas de Consumo y Biodivesidad de Greenpeace en un artículo de The Objetive. “Desde el principio del estado de alarma, se han adquirido 658 millones de mascarillas de protección finitas, lo que supone que estamos generando unas 1.318 toneladas de residuos que no se están recogiendo”, declaraba el investigador.

Más allá de los omnipresentes guantes y mascarillas de un solo uso, los envases de alimentos, las bolsas de plástico y las toallitas han experimentado un fuerte incremento desde el inicio de la pandemia.

La plataforma EsPlásticos, fundada por diferentes asociaciones de productores plásticos, reclamaba, tan solo unos días después del decreto del estado de alarma en España, el papel de los envases plásticos en la prevención de enfermedades. El portavoz José Antonio Costa declaró a EFE que, “en una crisis sanitaria, encontrar las hortalizas y vegetales en el supermercado envueltos en film plástico ofrece al consumidor muchas más garantías porque asegura que no han sido contaminados durante su transporte ni en el supermercado”.

Así, algunos productos que antes se vendían con otro tipo de empaquetado, o directamente sin envolver, se han cubierto con plástico. El auge de las compras por internet y los pedidos a domicilio ha contribuido igualmente al incremento de este material de embalaje.

La eterna cruzada de las bolsas de plástico

La pandemia también ha favorecido el uso de bolsas de plástico en los supermercados en algunos países. En el Reino Unido, por ejemplo, el Gobierno suspendió el cobro de 5 peniques por bolsa de plástico a finales de marzo. En EE.UU. el miedo ha sido mayor y ha provocado que ciertos estados suspendan o cancelen la prohibición del uso de bolsas de plástico. Algunos institutos extendieron la falsa idea de que las bolsas reutilizables (de tela) contribuían a la expansión del coronavirus, lo que provocó que estados como New Hampshire o Maine echaran para atrás la prohibición de usar bolsas de plástico que tenían programadas e incluso prohibieran las bolsas reutilizables.

En abril, California levantó su prohibición de bolsas de plástico de un solo uso durante 60 días, y Oregon y Nueva York también retrasaron las prohibiciones de vender este tipo de bolsas. Sin embargo, hasta la fecha no hay estudios que demuestren que el virus se queda en la tela, pero sí en el plástico (de 3 a 9 días según diferentes investigaciones).

Fuente: Cadena Ser

Mascarillas y guantes: en el suelo

Otra de las tristes imágenes que hemos visto en estos últimos meses ha sido la de guantes y mascarillas tiradas en las calles o hundidas en el mar. Si bien son utensilios indispensables para protegerse del virus y evitar su propagación, son muy dañinos para el planeta si no se gestionan correctamente.

Las mascarillas quirúrgicas están hechas normalmente con polipropileno, un termoplástico muy denso que no es biodegradable ni reciclable. En un artículo de la edición francesa del Huffington Post, Etienne Grau, profesor e investigador de la Universidad de Burdeos, afirma: “No es el polímero más peligroso, pero se estima que el polipropileno sólido tarda unos 500 años en degradarse”. Hasta entonces, este material lo que hará será descomponerse en partículas muy finas (microplásticos), prácticamente invisibles a los ojos pero imposibles de asimilar por el medioambiente.

Hace unos meses, la organización conservacionista Oceans Asia encontró miles de mascarillas y equipos de protección usados en las playas de las islas deshabitadas del archipiélago de Soko (entre Hong Kong y Lantau). El 28 de febrero ya llevaban 6 semanas detectando mascarillas en esta área. En Francia, la ONG Opération Mer Propre, que se dedica a recoger basura marina en la Costa Azul, alertó a finales de mayo de esta problemática.

Aquí en España, las redes no paran de mostrar imágenes de mascarillas y guantes tirados, como resultado de conductas incívicas que, además, suponen un riesgo de contagio. Desde Libera, un proyecto de SEOBirdlife y Ecoembes, piden “responsabilidad absoluta ante este nuevo residuo para que no acabe en el suelo” y recuerdan que deben tirarse al contenedor de resto (no al amarillo).

Durante el confinamiento, las toallitas húmedas han sido otro producto estrella. Según datos de Greenpeace la compra de toallitas húmedas ha aumentado un 50%. Aunque muchas veces se anuncien como biodegradables, no lo son; de hecho, suelen ser la causa de los atascos en desagües, alcantarillado y sistemas de depuración de nuestros pueblos y ciudades. Los costes económicos para eliminarlas de los sistemas de evacuación y depuración alcanzan, solo en Europa, los 1.000 millones de euros anuales.

¿Concienciación ciudadana?

Paradójicamente, algunas investigaciones muestran que los ciudadanos son cada vez más conscientes de la importancia de proteger el planeta. Tal y como informa un artículo de Marketing Directo, la agencia Wavemaker ha comparado las opiniones de los internautas antes de la pandemia del covid19 y ahora.

A través de 350.000 encuestas en más de 50 países, el informe Live Panel recoge las sensaciones pre-covid: el 42% de los consumidores a nivel mundial se consideraba entonces concienciado con el medio ambiente. En España, este porcentaje es del 40,5%.

Sin embargo, los datos de la edición más reciente de la investigación sobre coronavirus de Global Web Index (cuarta ola, de mayo 2020), reflejan que el 66% de los españoles considera muy o bastante importante el hecho de que las compañías tengan comportamientos más sostenibles con el medio ambiente y un 65% cree muy o bastante importante reducir la utilización de plásticos de un solo uso, y en un mismo porcentaje, reducir la huella de carbono y su impacto en el medioambiente.

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