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El Ártico arde en llamas por segundo año consecutivo debido a las altas temperaturas

  • 1 ago 2020
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 13 oct 2020

El cambio climático está provocando un calor excepcional y prolongado en el Ártico, con temperaturas de hasta 38 grados, lo que ha causado devastadores incendios en Siberia por segundo año consecutivo

El Ártico se está calentando más del doble de rápido que el promedio mundial debido al cambio climático, según declaró hace una semana la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Este año, la temperatura en Siberia entre enero y junio ha sido 5°C superior a la media, y en junio, hasta 10°C superior. Este último dato, según los expertos consultados por National Geographic, probablemente ocurriría solo una vez cada 100.000 años en condiciones climáticas normales.

En la ciudad rusa de Verkhoyansk (situada al norte del círculo polar ártico y que en invierno suele rondar los 50°C bajo cero), se registró una temperatura de 38°C el día 20 de junio, un récord térmico histórico que los expertos coinciden en apuntar como una señal del calentamiento global. Ha sido la temperatura más alta documentada en la localidad, donde mantienen registros desde 1885.

Temperaturas del círculo polar Ártico. Fuente: NASA

La portavoz de la OMM, Claire Nullis, declaró en una conferencia virtual desde Ginebra que durante la reciente ola de calor algunas partes de Siberia alcanzaron nuevamente los 30°C la semana del 19 de julio. Y alertó de que “lo que sucede en el Ártico no se queda en el Ártico, dado que los polos influyen en el clima y las condiciones climáticas en las latitudes más bajas”. “Tal calor extremo hubiera sido casi imposible sin la influencia del cambio climático causado por el hombre”, sentenció Nullis.

Incendios a menos de 8 kilómetros del Océano Ártico

Estas temperaturas tan extremas, no solo provocan un rápido deshielo del permafrost (la capa de tierra permanentemente congelada), sino que crean unas condiciones idóneas para la propagación de incendios. De hecho, el 22 de julio hubo 188 puntos de incendios probables en Siberia y, según apunta La Vanguardia, el Servicio Aéreo de Protección de los Bosques registró 131 incendios forestales activos, de los cuales, los bomberos consiguieron apagar 82. El resto se encontraba en zonas muy remotas y difíciles de alcanzar.

“Son imágenes dramáticas. El incendio forestal más activo actualmente está a menos de ocho kilómetros del océano Ártico”, anunció Claire Nullis. El verano de 2019 fue inusual en cuanto a temperaturas extremas e incendios, y los expertos del programa Copernicus del Servicio de Monitoreo de la Atmósfera, que analizan la actividad de los fuegos, calculan que este año parecen estar evolucionando de manera similar.

Incendio en la región de Krasnoyarsk. Fuente: Reuters/Greenpeace

Los incendios han sido particularmente intensos en la República Sajá de Rusia (Yakutia) y el Okrug autónomo de Chukotka, en el extremo noreste de Siberia, que han experimentado temperaturas mucho más cálidas de lo habitual en los últimos meses.

Sin embargo, no se quedan ahí. Los satélites de la NASA ha captado inmensas humaredas que van desde el norte de Rusia y los países nórdicos hasta el norte de Canadá y Alaska. Las imágenes también muestran la extensión de la superficie devastada por los incendios masivos ocurridos por segundo año consecutivo en el Círculo Polar Ártico.

Esto tiene consecuencias nefastas para el medioambiente: los incendios forestales desprenden una gran cantidad de contaminantes que incluyen monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, compuestos orgánicos volátiles y partículas sólidas de aerosoles, y además reducen la superficie arbórea capaz de capturar el carbono de la atmósfera, por lo que se acentúa el cambio climático. Los incendios forestales del Ártico han emitido este año el equivalente a 56 megatones de dióxido de carbono, en comparación con 53 megatones de junio de 2019.

Para la OMM, “se trata de un círculo vicioso”. Si sumamos la fusión del hielo y el descongelamiento del permafrost, que libera metano (gas de efecto invernadero), los impactos en el clima y los ecosistemas pueden ser mucho mayores.

Zona devastada en Siberia. Fuente: Reuters/Greenpeace

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