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Cinco razones para no comprar este Black Friday

  • 23 nov 2020
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 13 dic 2020

El Black Friday se acerca: este 27 de noviembre se celebra uno de los días del año más esperados por los consumidores y por las tiendas. Se trata de una tradición estadounidense que se popularizó en los años 70, cuando los comercios comenzaron a hacer rebajas y descuentos el día después de la festividad de Acción de Gracias, celebrada el cuarto jueves de noviembre. Desde entonces, el último viernes de noviembre empezó a ser un día marcado por las compras en EEUU y, más tarde, en todo el mundo.


En España, según la revista National Geographic, el boom del Black Friday llegó en 2012 de la mano de MediaMarkt. Al principio, la acogida no fue muy entusiasta, hasta que en 2013, grandes empresas como El Corte Inglés se sumaron también a esta moda.


A día de hoy, esta tradición americana ya no solo dura un día, sino que las grandes superficies adelantan sus ofertas una semana e, incluso, un mes, como en el caso de Amazon, haciendo así que la fiebre consumista dure mucho más tiempo. Y por si fuera poco, algunos comercios alargan las rebajas hasta el siguiente lunes: el Ciber Monday.



Ante la avalancha de publicidad sobre descuentos y promociones que estamos recibiendo estos días, es importarte pararse a reflexionar. El impacto medioambiental de nuestro consumo desenfrenado es letal para los ecosistemas. La cultura de “usar y tirar” provoca consecuencias devastadoras para un planeta que cuenta con recursos limitados y que sufre una crisis climática sin precedentes.


El periodista ambiental César Javier Palacios escribía el año pasado en un artículo de su blog Crónica Verde (20 Minutos), que “para el medioambiente el Black Friday es literalmente un viernes negro”.


1. El consumo impulsivo hace que compremos cosas innecesarias.


Este 2020, la intención de compra en el Black Friday aumentará en nuestro país con respecto a 2019. Según un estudio de Google, el 80% de los consumidores harán compras en esta fecha y, de media, cada español se gastará 173 euros. Las categorías más populares, como otros años, serán la moda (58%) y la tecnología (55%).


Pero la mayoría de las compras que se realizan en este día son productos prescindibles, es decir, algo que probablemente no se había planeado adquirir o no era necesario tener en este momento. La publicidad es tan agresiva que la tentación de aprovechar los precios rebajados es muy grande.


Esto provoca que las devoluciones sean un clásico. Desde la patronal de logística UNO, apuntaban el año pasado que la tasa de devolución media fue del 24,5%, como recogía El Español. En sectores como el textil, hasta el 50% de compras que se hicieron en el Black Friday se devolvieron. Como consecuencia, las emisiones de CO2 también aumentan en este proceso inverso de compra.

2. Incrementa la cantidad de residuos que generamos.


Como hemos dicho, muchas compras son actos puramente compulsivos. Los consumidores adquieren productos que luego nunca utilizarán o quedarán olvidados en un rincón.


A raíz de la pandemia del coronavirus, se han potenciado además las compras online. La facilidad de comprar por internet hace que el Black Friday sea mucho más atractivo y las empresas lo saben.

Pero las cifras de residuos son alarmantes. Si nos centramos únicamente en el sector tecnológico, en 2019 se generaron 53,6 millones de toneladas de residuos electrónicos en todo el mundo, según el Global E-Waste Monitor 2020 de Naciones Unidas. Son dos toneladas más que en 2018 y nueve más que en 2014.


Fuente: Global E-Waste Monitor 2020


El continente que más residuos electrónicos genera es Asia, que en 2019 alcanzó las 24,9 millones de toneladas. Sin embargo, Europa es la que cuenta con más cantidad de residuos por habitante: 16,2 kilos per cápita (frente a los 5,6 kg per cápita).


También hay que pensar, no solo en los productos en sí, sino en el packaging, bolsas y envoltorios (normalmente, de plástico) que vienen aparejado al producto. Eso también son residuos.


3. En muchas ocasiones, las ofertas son “ficticias”.


Es importante saber que no todo lo que parece un chollo realmente lo es.

Hace cinco años, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) comenzó a analizar los precios en más de 85 establecimientos, para ver sus variaciones y observar posibles abusos en el Black Friday. A pesar de que aseguran que normalmente son mayores los descuentos que las subidas de precio, el informe de 2019 revela que un 17% de los 25.000 productos analizados bajaron su precio, mientras que lo subieron un 29%.


4. Los pequeños negocios no tienen margen para participar en el Black Friday.


Únicamente las grandes empresas, que fabrican masivamente, pueden permitirse rebajar los precios sin perder dinero.


En estos tiempos en los que los negocios locales, de proximidad, de barrio, están sufriendo tanto las consecuencias de la crisis derivada de la pandemia del coronavirus, se hace necesario tratar de apostar por el pequeño comercio y así, de paso, activar la economía en nuestro propio país. Otra razón más para no apoyar el Black Friday.


5. Muchos productos valen más del precio que tienen.


Ofrecer, por ejemplo, una camiseta a 5 euros o un pantalón a 10, no es sostenible. Es decir, para que una camiseta tenga ese precio, los salarios de los trabajadores, los costes de producción y todo el proceso de distribución y venta han debido de ser extraordinariamente baratos para que, aun así, haya cierto margen de beneficio para el vendedor.


Desgraciadamente, en el sector de la moda encontramos incontables ofertas de este tipo (y no solo en el Black Friday), a pesar de que el textil es el segundo sector más contaminante del mundo. No solo genera más del 8% de las emisiones de CO2 mundiales, sino que las fábricas, mayoritariamente en Asia, vierten residuos tóxicos en ríos y mares, que obstruyen los ecosistemas marinos y enferman a las poblaciones cercanas. Y cuando una prenda ya está hecha, el desprendimiento de las microfibras resulta también un problema, ya que se convierten en microplásticos que también acaban en el océano.


Por eso, aunque el precio pueda parecer atractivo, no lo es. El consumo consciente y responsable debe predominar en la sociedad: más que nunca se hace necesario preguntarse cuáles son las consecuencias de nuestros actos y, concretamente, de nuestros hábitos de compra. Por nuestro bien y, sobre todo, por el del planeta.

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